Opinología

La excálibur de AMLO

OPINIÓN | La Hoguera | GYP

-La excálibur de AMLO-

Si el Presidente de la República quiere lograr que las piedras cambien de parecer, tendrá que abrirse paso entre ellas para, como el Rey Arturo, salir triunfante con su espada en lo alto.
Afortunadamente, más allá de la referencia metafórica utilizada por AMLO, quienes tienen la potestad de aprobar o rechazar su “nueva” reforma educativa, no son objetos innanimados, sino legisladores que, al parecer, le han encontrado ya serios asegunes al dictamen que les fue entregado por el gobierno federal y en el cual, si analizamos las reservas presentadas al mismo por los integrantes de ambas cámaras, vemos que éste adolece de serias deficiencias y ambigüedades, que no es exactamente lo que se requiere para lograr establecer un sistema educativo de mejora continua, donde se impulse una real formación docente y se georeferencie a los educandos como eje central de nuestro Sistema Educativo Nacional, con criterios pedagógicos mucho más adecuados para que el Estado pueda ofrecer una educación de excelencia, pertinencia y vanguardista.

El revés que sufrió apenas el pasado martes el mandatario nacional en la cámara alta, no es para minimizarse diciendo que hay confianza en una segunda votación o bien que, mientras eso sucede, está firme el famoso memorándum donde se instruye a los secretarios de Gobernación, Hacienda y Educación, que de forma por demás ilegal, procedan a dejer sin efecto las disposiciones vigentes establecidas en la Constitución y en las leyes secundarias.

A Morena y sus aliados les faltó oficio político para atender las reservas que, en la votación en lo particular, presentaron los senadores de las distintas fracciones parlamentarias, y que al final fue lo que hizo a muchos de ellos cambiar su postura respecto a la votación del dictamen en lo general.

Pasar de 95 a 81 votos en una tarde, es un claro indicador de que aún prevalecen en el dictamen de esta nueva reforma educativa, inconsistencias muy serias como las relacionadas con el ingreso, promoción y permanencia docentes, lo que genera exponencialmente más dudas y temores, si consideramos que tampoco existe claridad en torno a quién y cómo se habrán de llevar a cabo los procesos de evaluación educativa, una vez que desaparezca el INEE y ya no se tenga un organismo autónomo capaz de sistematizar los resultados de dichas evaluaciones, que nos permita conocer de qué adolece la educación del siglo 21 en nuestro país.

Y usted, ¿cómo la ve?

GYP

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